Este podcast es un programa de opinión, la muerte de un niño en el Cinepolis de Plaza Ermita, es el tópico de nuestra primera emisión. Disfrutenlo
Como en la caja de Pandora aquí encontraras desde los peores demonios, hasta la más bella esperanza.
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miércoles, 21 de noviembre de 2012
domingo, 18 de noviembre de 2012
Adiós grietas
Etiquetas:
ciudad,
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Géneros de Opinión,
problemas DF
domingo, 28 de octubre de 2012
Emblemática Avenida, Paseo de la Reforma corazón simbólico de la ciudad
Paseo de la Reforma es más que una avenida, en su nombre ya nos plantea
el icono perfecto para la renovación continua de la Ciudad.
Esta emblemática vía se la debemos al Emperador Maximiliano I de México,
para conmemorar a su esposa Carlota y conectar Palacio Nacional con Castillo de
Chapultepec. Más el nombre antiguo Paseo de la Emperatriz calló junto con su
cabeza. No así el proyecto de la avenida que resultaba muy útil.
Al igual que el resto del país la emblemática vía también cambio.
Después de 1957, el año en que un temblor de 8 grados en escala de Richter
derribó la Victoria Alada de la columna de la independencia y dañó muchas otras
casas de la zona, la avenida se modernizó a pasos acelerados. Y ni que decir en
1985, donde el terremoto funesto, obligó a los capitalinos a reconstruir la
imagen de Paseo de la Reforma.
Actualmente el jefe de gobierno Marcelo Ebrard ha puesto en
funcionamiento un programa para usar la bicicleta como medio de transporte en
la zona llamado Ecobici, que sin duda está creando conciencia ambiental en los
residentes.
Aun con el problema de la movilidad, Paseo de la Reforma es muy
atractiva turísticamente, además de ser el lugar más seguro en el DF según las
estadísticas de la SSP, ya que se reportan el menor número de robos, aun cuando
las delegaciones tienen un alto índice delictivo.
lunes, 9 de enero de 2012
Un pequeño cuento
Muéganitos
Mi hermana me comentó que criaba búlgaros. Dijo que con ellos se podía hacer yogur natural. Y que si lo combinaba con frutas y mermeladas encontraría un postre muy sano. De buena fe me regalo unos cuantos. Parecían pequeñas bolitas de nieve seca (unicel) muy juntos.
Los lleve a mi cocina, seguí las instrucciones para cuidarlos, los alimenté con leche, e investigue en Google sobre ellos. Como desde niña a todo le pongo nombre se llamaban Muéganitos; claro por juntitos.
Al principio comer el yogur que de ellos salía no me gustaba; me revolvía la pansa pensar que mis Muéganitos eran hongos. Pero unos días después y 3 cambios de recipiente (por uno más grande) termine adorando mi yogur de Muéganitos en la mañana.
Un día mientras desayunaba en la cocina y veía que tanto habían crecido mis Muéganitos. Me puse a escuchar el canto de un pájaro, cuyo nido estaba firmemente sujeto a la cornisa de una ventana en el edificio de departamentos al lado de mi casa.
Lo escuchaba intrigada y curiosa; pues en realidad es extraño oír el canto de un ave sobre el ruido de los coches en la avenida. Pero el sonido del teléfono me extrajo del encanto del pajarillo. Para contestar rápido, deje distraídamente el frasco de mis Muéganitos y mi taza de yogur matutina junto a la ventana abierta.
Cuando conteste eran los queridos amigos del banco, que tan temprano, ya querían ofrecerme un servicio extra para endeudarme. Lo más cortes que me salió la voz les dije que no me interesaba. Y regrese a terminar mi desayuno.
Entrando a la cocina ¡Vi al avechucho comiéndose mi desayuno! Con sus patitas sobre mis blancos Muéganitos. El canijo alzó el vuelo justo cuando entre, tirando algunos búlgaros al suelo y llevándose otros en las patas. Probablemente también le asustó el grito que, de la admiración, me salió del pecho.
Limpie todo y pasó.
Y unos días después mi digestión había mejorado, como mi hermana lo prometió. Seguía comiendo de los Muéganitos; pero eso sí con la ventana cerrada.
Pero al final del mes, un día que salí hacia mi trabajo; algo en la pared del edificio del alado, donde estaba acostumbrada a ver el nido del avechucho roba desayunos, se veía diferente. A lo lejos parecía que habían resanado la pared, y descuidadamente habían dejado una plasta de yeso en la cornisa. Pero como tenía prisa ya no mire con atención.
Cuando llegue en la noche la farola en el poste de luz frente a mi puerta estaba fundida, pensé que en la mañana lo reportaría al jefe de manzana. Usando la luz del celular para ver bien la chapa, entre a mi casa, más bien a tientas.
Deje mi bolsa en la sala, entre al baño a desmaquillarme; me puse la pijama y caí a los brazos de Morfeo, con el teléfono en las manos para dar un último vistazo a mis actualizaciones de Facebook.
Esa noche soñé que estaba nevando en mi casa. Que construía un iglú en mi sala. Pero en mi sueño apareció un bombero gritándome que si estaba bien.
Desperté pensando que la alarma de mi teléfono tenía un volumen demasiado alto. Lo encontré, buscando a tientas sobre mis costillas, pero lo raro es que no vibraba.
Cuando por fin abrí los ojos me pareció que el techo estaba muy abajo. Pero no era cierto, mi cama era la que se encontraba flotando. No; no flotaba…
¡Estaba sobre una pila de Muéganitos!
Estaba asustada y comencé a gritar, me puse pálida, me hinqué en la cama sujetando la almohada como espada y escudo a la vez. Giraba en todas direcciones, con la esperanza de ver una salida; intentando ver donde no había Muéganitos.
Entonces fue cuando vi al bombero que me gritaba desde la ventana, afuera había sonido de sirenas, luces de patrulla, ruido, gritos, y dentro:
¡Muéganitos por todas partes!
Mi casa salió en los periódicos del día siguiente, científicos de todo el mundo pidieron muestras de lo que quedó de mis Muéganitos; después de que los bomberos los rociaron con agente extintor de incendios dejaron de expandirse, expedían un aroma a leche podrida, la aseguradora pago los daños a mis muebles y después de conectar horas el ventilador y comprar cajas de desodorante para interiores, cloro y aromatizantes; mi casa volvió a ser habitable.
Al pajarito no lo volví a ver. Dejé de comer yogur y cualquier cosa que venga de la leche.
FIN
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